La calificación depende de circunstancias concretas y no sólo de que se haya producido una muerte.
El Código Penal contempla distintas figuras de homicidio. La existencia de determinadas relaciones, modos de ejecución, finalidades u otras circunstancias puede modificar la hipótesis jurídica que se investiga.
La defensa debe separar el resultado objetivo de los elementos que la acusación utiliza para explicar intención, contexto y responsabilidad individual.
Cuando no hubo muerte, una acusación por tentativa exige discutir qué intención puede probarse.
No toda agresión grave constituye automáticamente una tentativa de homicidio. La diferencia puede depender de la conducta desplegada, el medio utilizado, la zona del cuerpo afectada, las expresiones previas o posteriores y el contexto completo.
La prueba debe permitir analizar qué resultado se buscó o aceptó y hasta qué punto avanzó la conducta atribuida.
Autopsia, pericias y reconstrucciones pueden ser centrales para comprobar o cuestionar una hipótesis.
La causa puede incluir pericias médicas, balísticas, accidentológicas, químicas, análisis de cámaras, comunicaciones, geolocalización y otros estudios.
La defensa necesita comprender qué demuestra cada pericia, cuáles son sus límites y cómo se relaciona con testimonios y demás evidencia.
Una causa grave exige ubicar rápidamente la situación procesal, la prueba disponible y la próxima actuación.
Detenciones, allanamientos, declaraciones, medidas de coerción y pericias pueden concentrarse en las primeras etapas.
Actuar temprano permite preservar información, revisar procedimientos y preparar una estrategia antes de decisiones procesales relevantes.